12 de septiembre de 2015

Rrespuesta al Presidente de la FEPUCV: No podemos renunciar a la autonomía y la calidad

El presidente de la Federación de Estudiantes de la PUCV, Jorge Rauld, escribió una carta respondiendo a su rector, criticando su opción de restarse de la gratuidad. Lo que ignora Rauld es que cada vez somos más los estudiantes que compartimos la posición de nuestro rector en el sentido de no vender al estado ni la autonomía ni la calidad académica de nuestra universidad.

No compartimos la postura de limitar la autonomía universitaria al exigir el sometimiento de la PUCV a un sistema único y nacional de educación. Tampoco compartimos la exigencia de adoptar el cogobierno en la estructura orgánica de la universidad para poder optar a financiamiento estatal. Lo que olvida Rauld es que tales recursos son de los estudiantes que lo necesitan para poder estudiar y no para comprar a través del estado una determinada visión única de universidad.

Tampoco compartimos la limitación de la calidad académica que produciría el cambiar el financiamiento de la demanda, propio de las becas, por el financiamiento de la oferta, propio de la gratuidad. Rauld argumenta que esto eliminaría en la educación la competencia propia de la lógica de mercado. Sin embargo, cada vez somos más los que valoramos y defendemos la sana competencia entre universidades por entregar los mejores niveles de docencia, extensión e investigación.

Pero por sobre todo rechazamos el financiamiento de la oferta porque creemos que el foco de toda política pública debe estar en las personas y no en las instituciones. El financiamiento debe apuntar a que cada estudiante que lo necesite pueda escoger libremente la universidad donde formarse. No puede haber peor error que proponer que el financiamiento deba ir, en vez de a los estudiantes, a las universidades que sean del gusto de aquellos que gobiernan este país.

¿Camioneros contra Mapuches?

 ¿Qué tienen que ver los camioneros en todo esto? Nada. Este no es un conflicto de camioneros contra mapuches como nos intentan hacer ver. Este es un conflicto producido por un Estado homogeneizante que en su momento arrebató las tierras y destruyó la cultura de un pueblo originario para imponer una sola “nación”.

     Camioneros y agricultores son simplemente colocados en medio de un conflicto, que es en realidad entre el Estado y el pueblo mapuche, por aquellos que buscan evitar asumir responsabilidades al preferir, aun hoy, un Estado con cada vez mayor poder para homogeneizar culturas y destruir diferencias, defensores de la igualdad por sobre la diversidad.

     No nos limitemos los que defendemos la libertad y la autonomía de las personas y las comunidades frente al Estado a apoyar a los camioneros. Demos un paso más y asignemos con firmeza las responsabilidades: es el Estado el que debe devolver a los pueblos originarios su Ley.

Gratuidad en la Educación Superior

Intencional o no, ha sido una jugada maestra. Michelle Bachelet, con su anuncio de gratuidad sólo para universidades del Consejo de Rectores (Cruch), ha logrado lo impensable: la derecha indignada exige ahora gratuidad total, dicen que la medida es discriminatoria; que la gratuidad debe extenderse a los estudiantes más vulnerables quienes en su mayoría estudian en universidades privadas no afiliadas al Cruch. En un par de días, todo argumento que apuntara al uso más inteligente de esos recursos fue olvidado.
La jugada es maestra no sólo por su efecto, sino porque deja en evidencia la ausencia de reflexión de un sector falto tanto de convicción como de argumentos y propuestas propias, incapaz de articular una visión país de largo plazo.
La gratuidad universitaria no es una mala política en sí misma, pero hoy las prioridades son otras. Sigue habiendo miles de personas viviendo en campamentos o en las calles, estudiando en paupérrimos colegios municipales (con profesores socialmente subvalorados) y sin posibilidades reales de entrar a la universidad.
Antes que todo comentario reaccionario debemos recordar que la urgencia está en entregar herramientas para que esos miles de olvidados sean capaces de alcanzar por sí mismos los mínimos necesarios para participar de la Sociedad.